La experiencia de un voluntariado internacional

Hacer un voluntariado fuera de Europa se ha convertido en una práctica más que habitual entre los jóvenes que buscan nuevos retos o formas diferentes de conocerse mejor interiormente.

De hecho, en España hay muchas asociaciones como Cooperating Volunteers que permiten hacer un voluntariado en África, América o Asia de una forma sencilla y amena gracias a las conexiones que tienen con las agencias locales de los destinos que promocionan.

Es por ello, que hemos querido preguntar a una serie de participantes de este tipo de programas internacionales cuáles han sido sus experiencias y cómo las han vivido.

Ganas de hacer un cambio

Ana (una de las chichas que ha hecho un voluntariado con Cooperating Volunteers) nos dijo que la mayor motivación que tuvo a la hora de “lanzarse” a hacer un voluntariado en Tailandia fue que siempre había tenido ganas de hacer un cambio en su vida y así tener un impacto positivo en la vida de los demás y más desfavorecidos.

programa de voluntariado internacional

Ella recalca que haciendo un voluntariado no se va a cambiar el mundo pero que éste es el inicio de un cambio, ya que la economía digital ha creado un lazo muy fuerte con las sociedades que están dentro de la globalización pero también ha roto muchas comunicaciones con el resto de la población mundial que no tiene los suficientes medios para entrar a forma parte de este mundo globalizado.

Por esta razón, ella decidió hacer un cambio en su vida y se fue a Tailandia a pasar 8 meses enseñando Inglés a niños y niñas de una pequeña aldea.

Felicidad

Pepe, otro de los voluntarios que hemos entrevistado señala que lo más importante para él es encontrar el camino de la felicidad y que siempre él ha tenido la curiosidad de hacer un voluntariado fuera de Europa para intentar hacer feliz a todas esas personas que no han tenido la suerte de nacer en países desarrollados económicamente.

De este modo, se embarcó en la aventura de ir a Uganda a hacerse cargo de “urbanizar” una pequeña aldea situada a 100 km de la capital. Allí, pudo desarrolla un montón de tareas que nunca antes habría imaginado que haría, como por ejemplo, crear un conducto de agua, fabricar un techo o incluso diseñar una pequeña carretera (de arena) para que la gente que visitase la aldea pudiese acceder sin ningún tipo de dificultad.

Su misión era simple, hacer feliz a cuantas más personas mejor y lo consiguió. Después de 1 año y medio diseñando y construyendo la pequeña aldea, consiguió que 20 familias numerosas vivieran ahí con las comodidades mínimas para vivir sin ningún tipo de problema.

Eso fue lo que le hizo encontrar la felicidad que tanto buscaba.

Conclusión

Los voluntariados son una buena forma de salir de nuestra zona de confort realizando acciones que tienen un impacto social y económico muy grande para aquellas personas desfavorecidas por la zona geográfica en la que han nacido.

Si eres de a los que les gusta ayudar así como una persona con inquietudes, desde esta cooperativa te motivamos a que realices un voluntariado internacional lo antes posible.